lunes, 8 de noviembre de 2010

La vida del animal político

En su libro La Política Aristóteles busca avanzar en la definición de lo que es el ser humano. Allí aparece su célebre frase “el hombre es por naturaleza un animal político” (Politikón Zoón / πολιτικν ζον)[1]. No es algo inocuo que el hombre sea en esencia, es decir, en su propia materialidad y corporalidad un animal político. Aristóteles utiliza la palabra Zoé (Ζωή) para designar la vida humana de manera más pura. Sólo la vida, ya en ejercicio de la política es, en este sentido, βίος, diferenciará definitivamente al hombre del animal, pero al decir Zoe, Aristóteles quiere hacer notar lo arraigada que está la política en la vida humana.
Por otra parte, la palabra política designa aquí a una comunidad. El hombre es aquel animal que vive en la polis, en la ciudad y si la política se enraíza de manera natural con su ser más básico, por cierto la política, el Estado, como afirma el propio Aristóteles, también es un hecho natural.[2] En Aristóteles vemos una primera aproximación al tema que desarrollará Hobbes más adelante, dado que un hombre no político, es decir, sin familia, sin leyes y sin hogar (como decía Homero), sería alguien que “respiraría sólo guerra, porque sería incapaz de unirse con nadie”. He aquí el primer indicio de un pensamiento sobre la vida humana que revivirá en la modernidad: el hombre en estado de naturaleza es un lobo para el hombre. La diferencia en Aristóteles, sin embargo, es que dada la cualidad política inherente a la vida humana, su hipótesis no busca mostrar una posibilidad real, sino que le es útil para diferenciar al hombre de los animales.

[1] Ver Aristoteles. Política. 1.1253a. URL disponible en: http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus:text:1999.01.0058:book%3D1:section%3D1253a. Consultado el 8 de noviembre de 2010.
[2] Ibídem.

Claudia Rogge: Multitud, 2007. Fuente: http://www.arteallimite.com/ver_artista.php?id=9

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La excepción en el Chile bicentenario. De la violencia mítica a la monstruosa potencia de la vida

Amar Díaz, Mauricio, La excepción en el Chile bicentenario. De la violencia mítica a la monstruosa potencia de la vida, en Revista Némesis Nº 8, Santiago, 2010, pp. 45-55.


Resumen: La celebración del bicentenario es un punto relevante del tiempo vacío y homogéneo que plantea el progresismo contemporáneo. La exaltación de los discursos míticos a través de los cuáles se establece un nexo entre el origen de la nación y la meta del progreso, juegan permanentemente en una tensión entre la eugenesia y la monstruosidad, normalizando y abriendo lugares de inclusión y exclusión. Pero el estado de excepción decretado en la dictadura militar, y que se ha transformado en la regla en nuestros días, crea también las condiciones para que surja una resistencia que proponga, en primer lugar, a la vida como potencia.


Revista Némesis

jueves, 7 de octubre de 2010

Lo diminuto y la historia en un apunte de Elias Canetti


Un hermoso pasaje de los Apuntes de Elias Canetti, de 1942 dice así:

“Sería hermoso, a partir de cierta edad, volvernos cada vez más pequeños, año tras año, y recorrer hacia atrás los mismos peldaños que en otros tiempos fuimos escalando con orgullo. Los honores y las dignidades de la edad deberían, sin embargo, continuar siendo los mismos que en la actualidad, de modo que personas muy pequeñas, parecidas a chiquillos de seis u ocho años, fueran consideradas las más sabias y experimentadas. Los reyes más ancianos serían los más pequeños y solamente habría Papas diminutos; los obispos mirarían de arriba abajo a los cardenales, y éstos, a su vez, al Papa. Ningún niño podría ya desear algo grande. Al aumentar en edad, la historia perdería importancia; tendríamos la sensación de que ciertos acontecimientos ocurridos tres siglos antes tuvieron lugar entre criaturas semejantes a insectos, y el pasado tendría la suerte de ser, por fin, desatendido”.[1]

Canetti no anula el crecimiento, sino que lo detiene en determinado momento para hacerlo retroceder hasta su lugar más ínfimo y al mismo tiempo más importante. El tamaño de las cosas, en un mundo predominantemente ocular, ha sido construido desde antaño como una relación de poder. Invertir esa relación es trastocar el mundo por completo. El Papa seguirá siendo Papa, y mientras mayor sea su diminutez mayor respeto tendrá, sin embargo, deberá siempre mirar hacia arriba a quienes no han comenzado, o recién inician, el camino de la reducción física.

Lo que se invierte realmente en Canetti es el sentido de la historia. Desligar al hombre de lo grande como un llegar a ser por necesidad es profanar la teleología incrustada en una conciencia humana signada por su precaria afirmación del orden del mundo. Por ello, la historia pierde toda importancia, dado que ese pasado construido de grandes hechos, de grandes hazañas, no sería otra cosa que obra de insectos. Y es que esta es una mirada genealógica: La genealogía es gris decía Nietzsche.

Ello no implica dejar de mirar al pasado, sino mas bien tener en cuenta que ese pasado no ha sido el que ha condicionado nuestro presente, sino más bien la historia que se ha hecho de él. Por ello hay una desatención al pasado, pero también al futuro, que irremediablemente nos conduce a la pequeñez. Y es precisamente esa pequeñez la que nos hará mirar al pasado, a lo viejo, como un lugar de pocos relatos clarificadores; más bien como la condición máxima de pequeñez y, por eso mismo, más sabio, porque los honores y las condecoraciones no se perderían, por el contrario, serían los galardones de quienes mientras más sabios son, menos posibilidad tienen de pisotear al otro.



[1] Canetti, Elias, Apuntes I, Traducción de Juan José del Solar, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, p. 28. 

Artista: Nabeela Al Khayer. Fuente: NY Arts Magazine

miércoles, 6 de octubre de 2010

La burla

Ciertamente que la burla es uno de los gestos más actualizados. Las distintas guerras montadas en países con mayoría de musulmanes (Irak, Afganistán), las cárceles secretas (como Guantánamo) o los lugares en que se hace efectivo el régimen de Apartheid, como Palestina, sumadas al hecho de que gracias a los medios de comunicación contemporáneos cualquiera puede hacer valer su condición de cuerpo existente sobre la tierra (aún cuando a poca gente le resulte relevante), por cierto que la histórica burla hacia el otro, el enemigo, se convierte en un asunto de debate.

La burla no anula la existencia del otro, aún cuando las políticas oficiales de tortura y asesinato de los Estados en guerra o en ocupación buscan sumir la existencia del enemigo en la más completa oscuridad, la burla pone en evidencia la existencia de ese otro, degradado a una condición mínima, violentado, expuesto. La vida desnuda es posible de ser apreciada por las “redes sociales”, los canales de televisión, los canales de videos gratuitos operados por sus propios usuarios, etc.

En la burla el otro existe como caricatura, como simulacro de la identidad alegada, pero por eso mismo su identidad se refuerza y se vuelve cuerpo desnudo contra el poder. Su condición de caricatura genera risa, morbo y placer, canalizando el deseo de la identidad burlona. La burla, sin embargo, siempre esconde el miedo, que es parte de todo deseo. El miedo del otro, que en tanto no tiene nada que perder asoma en cada risotada la posibilidad de su potencia de resistir.

En el siguiente video un soldado israelí baila una danza árabe frente a una mujer palestina atada, vendada y cubierta. Su cuerpo se encuentra ataviado completamente y por ello mismo desnudo frente al poder. El baile del soldado es lo que ella no puede hacer; él lo hace por ella, escenificando así la caricatura que se ha formado sobre su cuerpo. Pero le teme, le teme a su impenetrabilidad, a su coraje, a un cuerpo que diga lo que diga y haga lo que haga, se resiste a ser utilizado. El soldado es patético, porque es imagen viva del gigantesco miedo que el poder siempre tiene hacia quién busca invisibilizar, y que pese a todo no consigue hacerlo jamás. Frente al cuerpo en potencia de quienes resisten, al soldado sólo le queda bailar y jugar como un bufón, cuyo principal sentido es relajar la tensión de los músculos tiesos del miedo.

martes, 5 de octubre de 2010

Negocios son negocios

Como alguna vez expresó Hermann Broch, en la época actual todo se justifica a partir de un fin que, a su vez, siempre es una tautología absurda que justifica su existencia sin otra demostración más que la repetición al inicio y al final de una meta. “Los negocios son los negocios” dirá el comerciante para justificar que en los negocios existe una lógica propia ineludiblemente vinculada al interés individual; “la política es la política” dirá el político que busca aclarar que los juegos de intereses, en los que siempre hay alguien que pierde, son inherentes a la política misma. 

Ésta es una de las herramientas fundamentales de la metafísica occidental, que asume en cada uno de los lugares que es capaz de explicar, una esencia pura, contra la que nada tiene que hacer el 'hombre de a pie'. Pero también hay aquí un nihilismo exacerbado, que entrega a la técnica la respuesta a la cosa de que se trata. La política se convierte así en un proceso técnico, y las frases que hemos mencionado develan que tal proceso en realidad es el ocultamiento de una tautología impuesta como esencia desde el inicio. No hay proceso, sino un fin que justifica los medios al punto de que esos medios son en sí mismos el fin.

M. C. Escher: Manos dibujando, 1948.