lunes, 25 de febrero de 2008

El voto femenino en Chile: Mitos y esencializaciones


“Las mujeres votan conservador” es la referencia permanente que se escucha cada vez que se trata el tema de la conducta electoral de las mujeres. Sin embargo los datos duros que dan cuenta de la participación de las mujeres en las elecciones para cargos públicos muestran una importante variación que nos debe hacer pensar en qué condiciones la mujer vota conservador. Los cambios sociales que vive Chile y su inserción continua y compleja en el proceso de globalización, influyen de manera decisiva tanto en la participación política de las mujeres, su mayor inserción laboral, diferencias de comportamientos según edad entre ellas mismas, entre otros fenómenos nuevos, complejos y dinámicos que deben ser comprendidos para analizar en profundidad de qué manera las mujeres votaron, votan y votarán.

La afirmación fundamental e este texto es que las mujeres han votado históricamente conservador, pero aquello se encuentra ligado a las condiciones de opresión al interior de la estructura social. En la medida en que se integran más al mundo laboral las mujeres tenderán a romper con ciertos patrones, lo que tendrá su punto máximo en las elecciones presidenciales de 2005 y 2006, momento en que es elegida la primera mujer presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

El primer artículo con el que di en Internet respecto al voto femenino es el que publicó María Paz Lagos en El Mercurio en 2003. Fue verdaderamente sorprendente leer sus comentarios respecto a la intencionalidad de voto de la mujer, su carácter conservador y fuertemente estereotipador, plantea a la opinión pública, sin más, que las mujeres son inseguras, odian el riesgo y carecen de solidaridad de género[1].

Lo verdaderamente terrible es que la periodista cita a una especialista en el tema, la economista Marta Lagos, quien se une a la orquesta de los prejuicios contra la votante mujer: “es más pragmática e instrumental. Se mueve por protección a la familia y los hijos, mientras que el hombre es más emocional en la lealtad política”. Según Lagos, las mujeres, y esta es una explicación que al menos me parece valorable, no tienen la misma historia política que los hombres, ya que las generaciones anteriores a ellas no tuvieron la posibilidad de votar, lo que a su vez establece, hasta el día de hoy, una ligazón distinta entre las mujeres y la lógica de partidos. Claro, esto explicaría en cierta medida porqué las mujeres no vitan de manera ideológica, sin embargo sirve más para dar cuenta de suposiciones: a las mujeres no les interesa la política o bien su voto es más volátil. Pero nada más erróneo que aquello, por cuanto las mujeres hoy son aproximadamente el 52% de los electores en Chile y su voto ha tenido cambios que, como veremos van de acuerdo con los que ha sufrido el país. Al respecto, siempre en el mismo artículo, Miguel Ángel López[2] indica que la mayor parte del electorado chileno es menos ideológico que antes y eso incluye a las mujeres.

La gracia que tiene la participación política en general y la de tipo eleccionaria en particular es la complejidad y cruce de intereses presentes. Cada elección se da en un contexto histórico particular y sin embargo cuenta con una trayectoria que permite predecir y proyectar nuevos escenarios. Por lo mismo, el prejuicio que recae sobre la mujer votante tiende a esencializar su rol en la sociedad y estigmatizar su comportamiento de acuerdo a los parámetros explicativos de la sociedad en que votan. Sociedades de tipo patriarcalistas, por lo tanto, buscan sus recursos para dar cuenta del mundo en lógicas que perpetúen y legitimen la dominación masculina.
No por ello debemos desconocer la historia, sino valorarla como parte constitutiva de los actores actuales que se mueven entre el espacio de lo que ya conocen y aquel de las nuevas realidades que buscan construir.

¿Qué nos dice la historia electoral en Chile respecto a las mujeres? En elecciones de tipo presidencial, desde que las mujeres tienen derecho a voto han sido proclives a votar por los sectores conservadores. Como comenta Patricio Navia, en 1958, por ejemplo, cuando se enfrentó Salvador Allende con Jorge Alessandri, el primero sacó una mayoría de votos entre los hombres, sin embargo, Allesandri ganó por mayoría relativa dado que el voto femenino fue más definido en favorecerlo. Para 1964, cuando la disputa era entre Eduardo Frei, apoyado por la derecha conservadora, y Salvador Allende, el primero sacó el 56% de la votación nacional, pero entre las mujeres llegó a un 63%[3].

Otros datos que reafirman la tendencia del voto femenino son la menor votación femenina hacia Allende en 1970, el mayor apoyo a la continuidad del régimen dictatorial en el plebiscito de 1988. ¿Podemos separar este último hecho de la manera en que la dictadura enfrentó el tema mujer? Los CEMAS liderados en la dictadura por Lucía Hiriart “de Pinochet” conformaron verdaderas redes que hacían llegar los mensajes de la cúpula del poder hasta las mujeres, tendiendo a reforzar su rol maternal y hogareño. De todas maneras, Patricio Navia ha planteado que en las elecciones de 1970 las mujeres de las áreas urbanas pobres, reductos tradicionales de la izquierda[4], votaron en menor proporción que el resto de la población, lo que si bien no quita que quienes votaron lo hicieron en su mayoría de modo conservador, al mismo tiempo da pare pensar sobre qué tipo de mujer ha votado y si es posible homologar su voto al total de las mujeres.

Ahora bien si comparamos la cifra de apoyo a Frei en 1964 con la de Pinochet en 1988, veremos que hay una distancia impactante que en otras circunstancias pueden ser decidoras para una elección. O sea, podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, pero lo cierto es que en el plebiscito de 1988 el 53,8% de las mujeres votó por el NO, lo que habla de un cambio en la realidad que es necesario reconocer.

Pero también, para demostrar que las tendencias son variables, debemos recordar que en las elecciones de 1989, el candidato de la concertación era Patricio Aylwin, quizás uno de los personajes más conservadores de la recién formada coalición. Sin embargo, las mujeres votaron hasta en 7,4 puntos porcentuales menos por Aylwin[5] que por Büchi, un candidato que no representaba a la derecha conservadora, sino a la figura del economista exitoso y absolutamente neoliberal, muy parecido a lo que ocurre con Piñera actualmente pero con distintos resultados en la votación femenina. Sin embargo, las diferencias de género prácticamente desaparecieron en 1993, cuando Eduardo Frei Ruiz-Tagle ganó con un 58% del voto nacional y 57,5% dentro del electorado femenino[6].

Las cosas parecen haber cambiado tanto que López asegura que las mujeres se tornan cada vez más liberales en su votación. De hecho en 2001 las mujeres votaron muy parejo entre la Alianza por Chile y la Concertación. Pero ¿obedecen estos cambios en el comportamiento electoral a transformaciones sólo de las mujeres? ¿No aparecían acaso durante los años 60’s y 70’s los sectores populares más cercanos a la izquierda tradicional, mientras hoy vemos la penetración que en ellos ha tenido la derecha? Sólo por poner un ejemplo, en los sectores socioeconómicos bajos la predilección por los candidatos de la concertación a ocupar cargos de diputados bajó de 48% a 36,8% entre 1997 y 2001[7] y como demuestra David Altman, en las elecciones municipales las comunas que tienen niveles de Índice de Desarrollo Humano (IDH) extremos son bastiones de la Alianza por Chile[8]. ¿Cómo las mujeres, grupo poblacional mayoritario entre los pobres se va a ver ajena a este fenómeno?

Otros factores que Patricio Navia ha considerado relevantes son la edad, por un lado y la condición de jefa de hogar que puede tener la mujer. Aunque los efectos de estas variables no se han estudiado con detención, no es difícil suponer que las mujeres, en la medida en que se integran al mundo laboral, y eso ocurre en mayor proporción en las nuevas generaciones[9], adquieran nuevas expectativas. Respecto a las jefas de hogar, es lógico suponer que tienen una mayor predilección por candidatos que tiendan a asegurar un mayor bienestar social.

Pero quizás el tema más relevante es la solidaridad de género. En efecto, las mujeres, “gracias” a esta solidaridad rompieron con la tendencia que tanto defienden los prejuiciosos del rol de la mujer votante. Altman ya había planteado, algunos años antes de las elecciones que enfrentaron a Michelle Bachelet con los candidatos hombres de la Alianza por Chile, que “la mujer tiende a votar más a la mujer candidata por más que esta pertenezca a un bloque político distinto”[10]. La importancia de esto radica en el siguiente hecho: las mujeres son víctimas de diferentes tipos de segregación (social, económica, cultural, etc.) y durante muchos años no dieron cuenta ellas mismas de este tipo de problemas, salvo de manera aislada y elitista como el movimiento sufragista.

Ahora, con un nuevo contexto, el de la globalización, y el crecimiento de espacios de independencia femenina, sobre todo en cuanto al rompimiento de la estructura familiar conservadora y la inserción laboral, pareciera que las generaciones de mujeres jóvenes sienten la necesidad de romper con esa opresión[11]. En otras palabras, cambios en la estructura social, económica y cultural conllevan cambios también en el comportamiento del electorado femenino. Aquello simplemente pone en jaque cualquier intento de esencialización del voto femenino y al mismo tiempo abre la interrogante sobre qué pasaría si las mujeres no vivieran en una situación de discriminación, ya que los hombres, como cuenta Altman, no diferencian entre géneros, relato coherente con quien no siente discriminación a partir de esa variable particular.

Además, esta realidad contrasta absolutamente con la posición de Marta Lagos quien en 2003 había comentado que “en Chile no hay voto de la mujer hacia la mujer y eso se ve en las elecciones de parlamentarias de derecha o izquierda. La mujer ve a otra mujer como similar y cree que no será capaz de ser presidenta además de mamá con hijos”[12]. Esto, más que achacárselo a Marta Lagos como un mal pronóstico, en realidad es un llamado de atención respecto a la falta de estudio de perfiles de las votantes chilenas. Sólo a través del estereotipo es muy difícil anticipar una conducta, pues en nuestra realidad actual las variables se desplazan con mayor rapidez que antes.

Por otra parte, tal como indica Pepe Auth en entrevista a La Nación, en la última elección presidencial Sebastián Piñera, candidato de Renovación Nacional (RN), obtuvo una votación similar entre hombres y mujeres, mientras que Bachelet obtuvo mayor votación entre las mujeres. Para él, el hecho que desaparezca el diferencial implica un comportamiento de género”[13].

Podríamos quedarnos contentos con la idea de la solidaridad de género, pero las cosas no son tan fáciles. En 2001, para las elecciones de diputados (no se puede hablar de senadores porque ahí las mujeres prácticamente no se encuentran presentes), en todos los distritos en que la Concertación llevó candidatas mujeres, estas votaron en menor proporción que los hombres por este conglomerado político[14]. ¿Qué pasó en esos años? ¿Es acaso convincente la idea de la solidaridad de género por sí sola o debemos agregar algún otro factor? ¿Podría ser el carisma de Bachelet? ¿su historia particular? ¿la memoria de su padre como ejemplo? ¿el haber sucedido a quién fue considerado hasta por la oposición como un “buen presidente”?¿el efecto de la campaña política como medio eficiente para instalar un nuevo discurso en los votantes? ¿la simple búsqueda del electorado algo nuevo bajo el sol? Las respuestas pueden ser muchas, las interrogantes quizás más todavía, sin embargo lo que sí queda claro es que el voto femenino no se encuentra definido por variables estáticas, sino por un contexto que en la actualidad cambia y cambia producto de las transformaciones sociales de escala transnacional.

Los mitos sobre el voto femenino se caen a pedazos. Quizás los últimos en romperse de golpe son: las mujeres no se interesan por la política (en las últimas elecciones las mujeres constituyeron el 59,6% de los nuevos electores[15]); las mujeres votan por conservadores (desde el plebiscito hasta la última elección presidencial las mujeres han votado más por la izquierda y la concertación que por la derecha[16]); y las mujeres no votan por mujeres (en las últimas elecciones parlamentarias, del total de candidatas de la DC el 83,3% recibe voto de género. De las candidatas del PPD el 85,7%. En el PS y RN el 50% de las candidatas que se presentó obtuvo mayor votación femenina. En el caso de la UDI todas las candidatas lograron mayor apoyo femenino[17]).

¿Esto significa que las mujeres son más progresistas que los hombres? Nada de eso. Lo que se ha buscado aquí es precisamente romper con la esencialización del voto y explicarlo en función del contexto social, histórico, político y económico. En cada contexto hombres y mujeres votarán de forma similar o dispar dependiendo de las diferenciaciones de roles al interior de la sociedad, pues la anulación de las diferencias de género debería traer consigo la disminución de la importancia de esta variable, pero aquello es todavía fantasía histórica.

CITAS

[1] Lagos, María Paz: “Por quién votan los chilenos?, en Revista Ya, El Mercurio, 23 de septiembre 2003. URL disponible en http://diario.elmercurio.com
[2] Profesor de conducta electoral en la Universidad de Chile y P. Universidad Católica.
[3] Navia, Patricio: “Participación electoral en Chile, 1988-2001”, Revista de Ciencia Política, Vol. XXIV, Nº 1, Santiago 2004, pp. 81-103.
[4] Fernández, María de los Ángeles: “Lo que las mujeres quieren”, en La Tercera, 15 de septiembre 2005.
[5] Beyer, Harald: “El voto femenino”, El Mercurio, 8 de agosto 2004. URL disponible en hhtp://www.cepchile.cl
[6] Joignant, Alfredo; Navia, Patricio: “De la política de los individuos a los hombres del partido: Socialización, competencia política y penetración electoral de la UDI (1989-2001)”, en Estudios Públicos Nº 89, Centro de Estudios Públicos, Santiago 2003.
[7] López, Miguel Ángel: “Conducta electoral y estratos económicos: el voto de los sectores populares en Chile”, Revista Política Nº 43, Universidad de Chile, Santiago 2004, pp. 285-298.
[8] Altman, David: “Redibujando el mapa electoral chileno: incidencia de factores socioeconómicos y género en las urnas”, en Revista de Ciencia Política, Vol. XXIV, 2004. pp. 49-66.
[9] Así lo afirman los estudios del economista de la Universidad de Chile Dante Contreras.
[10] Altman, David: “Redibujando el mapa electoral chileno…”.
[11] Fernández, María de los Ángeles: “Lo que las mujeres quieren”.
[12] Lagos, María Paz: “Por quién votan los chilenos?
[13] “La distancia la marcó el voto femenino”, en La Nación, 15 de enero 2006. URL disponible en http://www.lanación.cl
[14] Beyer, Harald: “El voto femenino”.
[15] Corporación Humanas: “Mujeres y elecciones 2005: análisis de las elecciones parlamentarias y presidenciales 2005, Centro Regional De Derechos Humanos Y Justicia De Género, Diciembre 2005.
[16] Ibíd.
[17] Ibíd.

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