miércoles, 26 de agosto de 2009

El caminante sobre el mar de nubes (lectura libre)

En el “caminante sobre el mar de nubes” de Caspar David Friedrich podemos reconocer al Hombre que se encuentra frente a sí mismo. La naturaleza como caos y cosmos al mismo tiempo, se muestra inaccesible o velada, pero al mismo tiempo a un solo paso del hombre frente al abismo. A lo lejos sólo se pueden ver montañas superpuestas que marcan la infinitud perdida por la niebla. Mientras lo más cercano, el abismo, asusta con rocas de formas irregulares a las que nadie quisiera lanzarse. Así debemos comprender la miseria humana impuesta por el capitalismo, como aquel impotente Hombre que con su traje burgués impecable, se acerca como espectador a la inmensidad de sí mismo, sin decidirse jamás a entrar en ella y, finalmente, con la seguridad cierta de que pronto en su cabeza la imagen se hará difusa al punto de no recordar más que la enormidad de un paisaje sobrecogedor, y nada de su relación con él.

No es asunto de poca importancia que sea su pierna derecha la que lo ata más fuertemente a la tierra, ni que esta necesite de un bastón para soportar la permanente inestabilidad. Más aventurado sería decir, aunque lo digo de todas formas, que su traje negro es el luto del Hombre frente a sí mismo, hacia quién está obligado, como cualquier muerto, a ser recordado con una horrible sensación de presencia y borrosidad de su imagen al mismo tiempo.

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