miércoles, 17 de febrero de 2010

La infancia como reducto de la modernidad

No existe ningún momento primigenio porque no hay lugar de la existencia que no esté mediada por el deseo. Y el deseo ya porta en sí la comunicación que hace posible el logos. El deseo porta en sí una referencia a otro y se orienta hacia él.

La infancia, por tanto, no puede ubicarse en un momento, sino que es la manera de racionalizar las experiencia como un lugar pasado que debe ser superado por la razón de la adultez. No es menor que sea sólo en el siglo XX cuando aparecen los “Derechos del niño” y se haya instituido definitivamente la existencia de la niñez. Esto debe entenderse como un punto de inflexión respecto a la imposición de una vida en que: en la medida en que se presenta como “más racional”, debe el hombre progresivamente ir entregando la experiencia a los instrumentos y al cálculo.

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