lunes, 22 de febrero de 2010

Sobre ¿Qué es la Ilustración? de Immanuel Kant

El texto del período crítico de Kant “¿Qué es la Ilustración?” (1784) permite comprender parte del mundo jurídico y social de nuestros días, aún cuando la Ilustración en sí misma sea parte de una promesa hace bastante tiempo poco difundida y creíble. En él se puede percibir la importancia que tenía para el filósofo el respeto que el hombre se debía hacia sí mismo, tanto por su necesario progreso como por la dignidad que le es inherente.

En efecto, para Kant la ilustración es un momento histórico que tiene como contenido la liberación del hombre de la incapacidad de servirse de su propio intelecto, problemática que él mismo ha hecho posible por cobardía y pereza. El hombre previo a la ilustración es aquel que se entrega sin más a la tutoría de otros, considerando siempre que cualquier paso a la emancipación es un peligro. Kant llega incluso a indicar que esta relación de entrega de los hombres a la tutoría ajena, pasa a transformarse casi en una ‘segunda naturaleza’, lo que hoy entenderíamos como una reificación de la historia. He ahí que sea tan difícil, para Kant, salir de ese estado, tarea tan ardua que sólo pocos lo habrían logrado.

De hecho, hacia el final del texto, Kant se pregunta si es posible afirmar que la suya es una época ilustrada, a lo que responde negativamente, porque son muy pocos los hombres que han alcanzado esta condición. Sin embargo, sí es una época de ilustración porque nuevos valores y verdades comienzan a despejar los obstáculos que liberarán a los hombres de las tutelas impuestas e históricamente aceptadas por ellos mismos.

La Ilustración abre, entonces, el camino para que más hombres puedan alcanzar el pensar por sí mismos. Incluso, muchos de los tutores, que podríamos llamar contemporáneamente la ‘clase hegemónica’, participan en su enseñanza, lo que permite al público conocer sus propias posibilidades de acceder a mayor conocimiento e, incluso, así revelarse contra sus propios tutores. De alguna manera esta reflexión podríamos ligarla al rol que cumple la ‘clase dirigente’ de una revolución, por ejemplo en la Francia de 1789, donde la burguesía jugó un rol preponderante en promover en el ‘tercer estado’ derechos basados en la igualdad y la libertad, que luego serían fundamentales para las luchas proletarias frente a la propia burguesía en todo el mundo.

Kant, sin embargo, desconfía abiertamente de las posibilidades de las revoluciones, que pueden avanzar en el derrocamiento del despotismo o acabar con regímenes políticos y económicos subyugantes, pero que no pueden lograr nunca reformar el pensamiento. Por el contrario, la revolución siempre trae nuevos prejuicios que reemplazan a los anteriores y servirán de guía para controlar al público. Dándole la razón a Kant, debemos decir que este ha sido efectivamente el destino de todas las revoluciones (aunque no podríamos afirmar jamás que ese es el único destino posible para una revolución), pero la propia Ilustración alcanza su motor de expansión a partir de las revoluciones en Estados Unidos y en Francia, de las que Kant es contemporáneo.

Lo que es de suma importancia, en este sentido, es la manera en que Kant concibe la historia. Mientras que constantemente se refiere al progreso humano como una necesidad histórica, incluso dando cuenta de una ‘antinatura’ inherente a la acción de impedir el progreso (lo que es una contradicción en sí misma), Kant también está reconociendo que sobre un sistema de reglas puede imponerse otro que no necesariamente conduzca al progreso, sino que sea casi un maquillaje de su sistema predecesor.

La Ilustración, para Kant, puede resumirse en el concepto de “libertad de hacer uso público de su razón íntegramente”. En otras palabras, para el filósofo de Königsberg, el hombre debe tener acceso a participar de la comunidad con voz sobre los asuntos que le atañen a su vida política, sin que aquello tenga relación con el rol social que cumpla al interior de la sociedad. El del funcionario que debe cumplir labores atingentes a su cargo, es un uso privado de la libertad, donde sí se puede restringir al hombre. La libertad que Kant busca abrir es la pública, que él cree atingente a ese mismo funcionario, que en calidad de escritor puede manifestar sus ideas ante un público amplio. Si ya esta distinción es un poco difusa, Kant agrega además que incluso ciertos ámbitos de interés público (es decir donde podría practicarse una libertad de uso público) en realidad necesitan cierto automatismo y, por lo tanto, obediencia.

En el fondo, la libertad pública que plantea Kant es bastante limitada, porque impide, entre otras cosas, que sobre lo que se habla públicamente toque directamente lo que se hace en privado, es decir, en el cargo funcionario. De hecho, el ciudadano, dice Kant, “no se puede negar a contribuir con los impuestos que le corresponden” (uso privado), y si puede llevar adelante una crítica de ellos será siempre en calidad de experto y sin tintes escandalosos, que pueden ser objeto de castigo (uso público). El problema para Kant reside en que las instituciones son funcionales a la vida de los individuos y es a través de la crítica pública como pueden ser modificadas.

Ahora bien, la modificación de la realidad es un hecho necesario, parte consustancial de la naturaleza que va en progreso (principio ilustrado). Lo institucional debe ser cumplido por los roles, por el funcionario, pero siempre se puede someter a tela de juicio la constitución de tales instituciones. Kant, entonces, no ve a la ilustración como un proceso revolucionario, ni tampoco como un quiebre de la institucionalidad económica o política. Más bien cree en la ‘buena voluntad’ que debe imperar en los soberanos (tomando por buen ejemplo a Friedrich II de Prusia, a quién Kant admiraba). Son estos los que a fin de cuentas, deben dejar un espacio a la participación a través del uso de la libertad pública, de la misma manera en que los súbditos deben ceder a cumplir con las obligaciones privadas.

Existe una confianza de Kant, respecto a que este uso de la libertad pública generará un progreso armónico, que va de la mano con la naturaleza del hombre. Es más, el hombre ni siquiera puede renunciar a ilustrarse, pues aquello es renunciar a un derecho sagrado. He ahí la enorme influencia que ha tenido Kant sobre el derecho moderno y la inalienabilidad que se adjudica actualmente a los Derechos Humanos. De esta manera, el marco jurídico que impone obligaciones y derechos es para Kant la llave del progreso.

“¡Razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced!” es la máxima que hace posible que los hombres, con un grado de libertad restringido, puedan desenvolverse con arreglo a todas sus facultades. La libertad absoluta de hacer lo que quieran impondría, por el contrario, límites infranqueables a las relaciones entre ellos, lo que para el pensador prusiano es una paradoja propia del curso de la historia humana.

Las limitaciones de la libertad kantiana son el requisito para poder acceder a la verdadera libertad, aquella que liga a los hombres a través del respeto de su dignidad. Sin embargo, pareciera que en Kant existe un miedo profundo a la desestabilización del orden político y económico, que a su tiempo ya se ha visto desestabilizado por las revoluciones. La introducción de la idea de libertad en Kant permitirá a los pensadores y movimientos sociales reflexionar sobre la necesidad de ampliarla hasta los espacios que el filósofo considera privados. Pero al mismo tiempo, esta visión de la libertad se haya presente en el derecho contemporáneo de la manera más opresiva, lo que efectivamente corrobora la paradoja a la que aludía Kant, sólo que la legitimidad dada a un grupo hegemónico difícilmente podríamos entenderla hoy como una libertad más amplia que la que ese grupo quiera determinar.


¿Qué es la Ilustración? se encuentra disponible en: http://www.cibernous.com/autores/kant/textos/ilustracion.html

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