sábado, 27 de marzo de 2010

El yo (del) expulsado

Cuando la familia niega al hombre, no se puede hablar propiamente de un yo. El yo sólo puede aparecer como fantasma cuando hay una expulsión, que es la que lleva a cabo la familia contra aquel que busca la creación. Cuando el expulsado mira al pasado lo hace con añoranza y lástima a la vez. Añoranza de tener un mundo ya dado, pues ahora deberá ser siempre creador; lástima por aquellos que dejó atrás a quienes nunca más volverá a entender. El yo del expulsado es, sin embargo, su propia nueva ilusión, que deberá enfrentarse, en algún momento, a los límites mismos de su soledad.


Dante en exilio, Frederik Leighton (1830-1896)

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