miércoles, 17 de marzo de 2010

La política como prótesis

¿Es posible hablar de zoon politikon? El retiro de la polis a favor del imperio y la desidia frente a la política de la mayoría ¿no habla más bien de un ser humano a-político como lo plantea Hanna Arendt? Se podría argumentar que la indiferencia (de aquellos-nosotros, que además se indiferencian permanentemente uso de otros) es una forma de participación política, que no niega a la política en sí, sino que opera a través de la incredulidad respecto a las posibilidades de la política, y más aún, de cierta política, que es precisamente la política alejada de la polis.

Sin embargo, una respuesta de este tipo termina por diluir cualquier intento de hacer de la política algo más que un mandato divino. Pareciera ser, siguiendo el pensamiento de Arendt que la política no es inherente al ser humano como tal, pero sí intrínseca a la relación ‘entre’ los humanos. Ese ‘entre’ indica exterioridad, un estar fuera de sí, lo que implica que la política está fuera de los hombres. Aquello entra, evidentemente, en contradicción con toda teoría que presuponga una conciencia de tipo colectiva, como ocurre en el pensamiento marxiano.

Sin embargo, suponer la política como una prótesis fundamental para llevar a cabo la relación entre humanos es quizás un paso necesario para acabar con aquello de teológico, religioso y metafísico que inunda la reflexión occidental hasta nuestros días y que determina la relación entre los seres humanos a través de políticas fundadas en la inherencia de la soberanía. Una política que efectivamente considere la diversidad humana, y la autonomía que pueda hacer posible un uso libertario de ella, deberá enfrentar la destrucción de sus cimientos occidentales, quizás para dar paso a lo que ella misma ha ido madurando en el seno de su ateísmo contemporáneo.

Lizardo Chijona Riveros: Politikon 1

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