lunes, 10 de mayo de 2010

Derecho y vida

La relación entre anomia y derecho aparece, en nuestra época, como estructura constitutiva del orden jurídico[1]. La ambigüedad del derecho radica en que ambos conceptos son indisociables de él, incluso fundantes, de manera que el estado de excepción es la evidencia radical de esta ambivalencia y al mismo tiempo es el dispositivo, jurídico por cierto, que busca mantener unidos a ambos conceptos. 
En otras palabras, si encontramos ya en Benjamin una crítica a la vinculación entre derecho y violencia, el estado de excepción es precisamente el lugar en el que esta relación se hace posible, al tiempo que corta también esta misma relación. El estado de excepción es un paradigma complejo dado que se encuentra en el límite entre el derecho y la política, como ausencia de derecho por decisión soberana, es a la vez comprendido por el mismo derecho como una figura legal. En otras palabras es forma legal de aquello que por esencia es ausencia de legalidad[2]
Si el paradigma, como ejemplo, liga lo particular a lo general, y, a su vez, el estado de excepción es la expresión política contemporánea que liga la vida al derecho, su aporía resulta de la capacidad de abandonar la vida al derecho, negándola o, mejor dicho, desnudándola. Sólo a través del desvelamiento, como plantea Agamben, de esta tierra de nadie que se encuentra entre el derecho y la política podremos comprender de qué manera es posible aún actuar políticamente.


[1]  Ver Agamben, Giorgio, Estado de excepciónEstado de excepción, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2005, p. 14.
[2]  Ibíd., p. 24.


Paula Lynch. Fuente: http://www.paulalynch.com/

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