lunes, 31 de mayo de 2010

La Flotilla de la Libertad como ejemplo



Hoy por la mañana las noticias daban un anuncio horroroso. Israel había decidido atacar con tropas de elite a una flotilla de seis barcos comandados por pacifistas internacionales. La Llamada Flotilla de la Libertad, proveniente de Turquía llevaba ayuda humanitaria para los habitantes de Gaza, bloqueada por el Estado judío desde hace casi tres años.

Según los medios de prensa la cifra de asesinados por Israel llega a 16 personas. ¿Pero a quién realmente le importa todo esto? Los gobiernos y partidos políticos del mundo (hasta ahora no he escuchado, claro está, declaraciones de Estados Unidos) se han lanzado a criticar a Israel, incluso el Vaticano ha planteado que se encuentra ‘conmocionado’ con lo ocurrido. Naciones Unidas condenó enérgicamente al Estado beligerante, y más que nunca cabe decir, frente a la comunidad internacional: etc. etc.

Etc. etc. es una expresión que indica una repetición de conceptos que caen dentro del mismo género, pero cuya cualidad no merece ser dicha de manera particular porque ya se encuentra enunciada, en parte, en dos o tres palabras iniciales que permiten iniciar la secuencia.

Etc. etc. es lo que hace el mundo cuando condena sin contenido alguno. Israel ha sido un Estado bélico desde hace sesenta años. Es el miembro de Naciones Unidas que más veces ha violado las resoluciones de la organización. Mantiene a cuatro millones de palestinos bajo ocupación militar, a un millón y medio de ellos bajo un bloqueo genocida y a otros cuatro millones viviendo como refugiados o desplazados, en condiciones miserables. ¿Y que hace la comunidad internacional? En Sudamérica se acaba de aprobar un tratado de libre comercio entre Israel y MERCOSUR, en Europa la OCDE ha aceptado a Israel como miembro de la organización, y todo esto a pocos meses de los crímenes de lesa humanidad de 2008-2009 cuando este Estado decidió exterminar a casi 1.500 personas.

Mientras las palabras de condena se convierten en un etc. etc. los habitantes del mundo vemos con horror cómo el paradigma biopolítico utiliza este artilugio de la ‘palabra cualquiera sea’ para seguir promoviendo la idea de una existente comunidad internacional, que en realidad es sólo uno de los sustentos discursivos más del poder sobre la vida.

El estupor que ha causado esta noticia probablemente generará manifestaciones de apoyo a los palestinos en todos los países con televisión e Internet, pero su mayor logro podrá ser conseguir que sus Estados envíen una carta formal a Israel donde dirán que “vemos con suma preocupación este tipo de acciones que pueden conducir a una escalada de violencia en la región de Oriente Medio”, otra más de las fórmulas del etc. etc.

Ninguno de nosotros tiene probablemente una solución en su cabeza para un conflicto de esta naturaleza. Tampoco creo saber qué hacer en estos momentos. Tan sólo me queda, como ser humano, decirle a los miembros de la Flotilla de la Libertad: Gracias. Su gesto no es superfluo, no sé si quedará impune o pueda ser considerado por muchos como un acto frustrado y en vano, pero seguramente para alguien será un ejemplo, es decir aquello que cohesiona a lo singular con lo universal y no un etc. etc. como el que seguramente su propio gesto provocará en los líderes del mundo.

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