lunes, 3 de mayo de 2010

Museo

El museo es el lugar de la historia actual, no de la historicidad. En el museo no hay sino un pasado remoto intocable por los visitantes, quienes irremediablemente se figuran en él una infancia de la humanidad. El museo está repleto de objetos sagrados que lo son sólo en la medida en que han dejado de serlo, a los que se les ha agregado una aureola y se les ha invitado a despedirse el mundo.

Museificar es entonces sacar del mundo, sacralizar para alejar e impedir cualquier intento de profanación. El gesto político de aquellos que han sido museificados es romper los vidrios y cadenas para tocar el mundo. En nuestros días, el mayor esfuerzo del capitalismo consiste en museificar pueblos y culturas, haciéndolos imprescindibles para explicar la historia humana, pero absolutamente eliminables en cuanto vidas desnudas.

Una reivindicación tradicionalista que se oponga como resistencia al museo caerá siempre en la auto-museificación, de ahí que sea tan fácil exterminar al traidor. Una opción distinta es hacer del mundo el lugar de la potencia y la posibilidad. Esa alternativa es la verdaderamente combatida por el capitalismo, porque sólo en ella ve efectivamente su propio fin.

Sohail S. Salem: Acrílico sobre papel

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