miércoles, 19 de mayo de 2010

Un poco diverso

Los hechos tienen en su ser-así una condición de irreparables. Cambiar los hechos es en realidad remover los límites en que se encuentran enclavados por el poder. Aquello significa fundamentalmente comprender los hechos como abiertos pero no des-historizados. La potencia se encuentra precisamente en el espacio entre el hecho y su nuevo límite, incluso si esta es potencia de no-ser, porque el límite siempre plantea un cierre, una demarcación como ocurre permanentemente con el nombre frente a las cosas.

Benjamin dice: “Entre los sabios se cuenta una historia sobre el mundo por venir que dice: allí todo será justamente como aquí. Como ahora es nuestra estancia, así será el mundo por venir. Donde ahora duerme nuestro niño, allí dormirá también en el otro mundo. Y aquello que nos ponemos en este mundo, lo llevaremos también allá. Todo será como ahora, sólo que un poco diverso”[1]. El “un poco diverso” es suficiente para reconocer historicidad y potencia como formas de lo abierto.

Wittgenstein dice: “Sí la voluntad, buena o mala, cambia el mundo, sólo puede cambiar los límites del mundo, no los hechos. No aquello que puede expresarse con el lenguaje. En resumen, de este modo el mundo se convierte, completamente, en otro. Debe, por así decirlo, crecer o decrecer como un todo. El mundo de los felices es distinto del mundo de los infelices”[2]. En cierto sentido el mundo de los felices es distinto al de los infelices, porque, como diría Benjamin, una existencia justa no es igual a una mera existencia, pero al mismo tiempo, el mundo de los felices es el mismo mundo de los infelices, sólo que en el transcurso de la infelicidad a la felicidad se ha corrido un poco el límite. Lo que puede pensarse en Wittgenstein es que en el lenguaje no se encuentra el límite de la felicidad, sino en aquello que no se puede pensar.

La historia que cuenta Benjamin relata el lugar del paraíso, que es también el lugar de lo impensable. ¿Podría llegar a pensarse lo que viene? ¿No es el límite de los hechos su propia condición de apertura? He ahí que Platón cometió un error que atormentaría a toda la historia humana. No debía echar a los poetas, sino a los juristas.


[1] Benjamin, Walter, en Giorgio Agamben, La Comunidad que viene, Editorial Pre-Textos, Valencia 2006, p. 47.
[2] Wittgenstein, Ludwig, Tratactus Logico-Philosophicus, Proposición 6.43, Edición Electrónica de www.philosophia.cl /Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, p. 101.

Masaccio 025.jpg
Masaccio: La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal, 1425-1428

No hay comentarios: