miércoles, 30 de junio de 2010

Atila y Leviatán

Así como el paso de Atila por Occidente significó una devastación, también su retiro fue el momento decisivo para que Occidente tuviera una historia que contar como tal, aún cuando en ella haya mucho de ilusión, como en toda historia. Así también el Leviatán, personificado doblemente como monstruo y humano (apelativos también referidos hacia Atila), indica un retiro de Dios de la tierra. No sólo por el leíble ateísmo de Hobbes, sino también porque el retiro provocado por el Leviatán es el de la humanidad frente a la política, subsumida de ahí en adelante a la técnica del monstruo biopolítico cuya corona es la soberanía y su cetro el contrato.

Todo ello, por supuesto, en el entendido de que así como sería extraño a estas alturas afirmar la existencia de Dios, sí resulta posible dar cuenta de su huída, sólo que ésta no está en el origen ni en el exterior de la política, sino en el umbral, que más que significar una salida muestra una puerta o múltiples puertas que conducen, cada una, hacia la incertidumbre.

Así como nunca ha existido un hombre original, ni lobo ni buen salvaje, tampoco la técnica puede encontrarse escindida en un origen de la política. Y sin embargo, todo ello ocurre en cada instante para que nuestro tiempo pueda hacer una lectura histórica de la humanidad y de los absurdos sobre los que se sostiene la soberanía. Retiro y presencia, nacimiento y muerte, Leviatán y Behemoth, civilización y barbarie, son los signos que nuestro entendimiento va dejando en la arena del pensamiento.



Pippa Blake: Leviathan, 2005. Fuente: http://www.artel.org.uk/artel-artists/pippa-blake/

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