viernes, 25 de junio de 2010

Cementerio

La heterotopía es un lugar real. Algunas de ellas se erigen como representaciones del conjunto de la ciudad de la que fueron desplazadas, siendo el caso más emblemático el de los cementerios, donde la división de clases se reproduce de acuerdo a la calidad de las tumbas y mausoleos. La muerte da contenido a esta heterotopía como una utopía, pues en la medida en que, como explica Foucault, la sociedad burguesa saca a los muertos de la jerarquía con la que se enterraban al interior de la ciudad, el cementerio reproduce la sensación de igualdad (todos tienen derecho a tener su propio mausoleo o tumba), que sabemos, al igual que la movilidad social de la sociedad burguesa, es una simple utopía presentada como realidad.

Debemos cuestionar, entonces, si acaso la sociedad burguesa porta en sí el fin de toda utopía, o el inicio del nihilismo, su parentela más cercana, pues en ella aparece efectivamente el fin de la historia como paradigma (lo que no es ajeno, por supuesto, a su contraparte moderna, el marxismo historicista).

De alguna manera el cementerio es aislado pasando a ser una metáfora de toda nuestra sociedad, un lugar de encuentro entre quienes son incapaces de testimoniar algo, pero donde cada quién planifica, supuestamente, donde quiere estar. 

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