martes, 17 de agosto de 2010

Conatus

En la tercera parte, séptima proposición de su Ética, Spinoza plantea que “El esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma.”[1]. En esta frase queda condensada la ley del conatus, que define con gran maestría el sentido de la vida misma. Su pura inmanencia. No hay esencia propia de la vida más que la propia vida, y esto es su esfuerzo. El esfuerzo de la vida, alma y cuerpo juntos, es lo que Spinoza llama apetito, que en el caso de los hombres es deseo, es decir, “apetito acompañado de la conciencia del mismo”[2]. El deseo conforma entonces la conciencia, la hace posible a través de su movimiento, al punto que incluso es capaz de definir toda búsqueda humana. No hay trascendencia aquí, sino sólo la vida misma en su lucha por vivir y en tanto viva es deseante. ¿Es posible pensar en el deseo sin un otro deseante? El deseo siempre se orienta a alguien, porque la vida vive en contexto, en relación. Cuando deseo, deseo algo o alguien, por lo que la vida spinoziana es siempre vida en el mundo, en el lugar que hace posible su existencia.


[1] Espinosa, Baruch de, Ética demostrada según el orden geométrico, Barcelona, 1984, p. 131.
[2] Ibíd., p. 132.

José García Cordero: La envidia III. Fuente: http://www.arteallimite.com/ver_artista.php?id=202

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