miércoles, 25 de agosto de 2010

Oikos

Cuando Aristóteles se arriesga a dar una definición del hombre como zoón politikon, piensa en una distinción muy útil para comprender nuestra realidad contemporánea. El ser animal político implica diferenciarse de los demás animales con quienes compartimos otro aspecto fundamental que es la necesidad. En la política, en cambio, el hombre (en el sentido restringido del término porque las mujeres no podían participar de la política), se ocupa de un aspecto diferente: la libertad.

La noción de oikos que utilizaban los griegos para designar al mundo doméstico (y además su unidad mínima), se refiere precisamente  a la necesidad, es decir, al mundo al que es relegado lo femenino y donde se opera en absoluta falta de libertad. De esta manera, el hogar griego era el lugar de la sobrevivencia asegurada por el jefe de familia, obviamente masculino.

Resulta relevante que sea este concepto de oikos el que de sentido al nombre de la economía, una disciplina fundada en torno al concepto de necesidad (y escasez). No es difícil suponer, por tanto, que en la lógica occidental, una expansión del mundo de la economía se preocupe siempre de asegurar la escasez, pero a costa, tal como ocurría en el hogar griego, de la libertad. Así, lo que asegura la economía es siempre la mera existencia a través del control de la vida, pero impide pensar en una existencia justa, basada en la libertad.

Superar la tensión ficticia entre economía y libertad es una tarea política. Lamentablemente las mujeres han alcanzado a integrarse a la política sólo cuando la economía doméstica sumió a hombres y mujeres bajo el control de la mera existencia.

Sandro Botticelli: Venus y Marte, 1485

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