miércoles, 18 de agosto de 2010

Ojo y lenguaje

El ojo es el mayor cómplice del lenguaje. A través de su mirada, siempre enmarcada, genera las imágenes corporales que luego el lenguaje es capaz de nombrar, es decir, de cerrar y llenar de contenido. Sin embargo, siempre queda un ‘afuera’, que el ojo no alcanza a visualizar y que no puede obervar sin perder de vista lo que ya ha mirado. Entonces el afuera aparece como lo difuso para el ojo, el lugar de la oscuridad, donde el lenguaje no alcanza a operar y cerrar.

Ese ‘afuera’ es la multiplicidad, lo que la norma impuesta por ojo y lenguaje sienten siempre como una amenaza. Por eso el marco ocular siempre se desplaza con la inseguridad y el miedo como motivo. Su búsqueda es siempre la conquista y la presentación de un nuevo marco, pero el propio marco se sabe una imposibilidad inundada por su exterior. El propio marco es el lugar de su desborde.

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