jueves, 2 de septiembre de 2010

Batman / Joker

Quién ha leído las historietas de Batman sabe muy bien que el vínculo que este personaje mantiene con el Joker es de mutua necesidad. Esto está incluso expresado textualmente en un comic llamado The killing joke (la broma asesina). ¿Se trata este vínculo de necesidad de aquel que existe también entre bien y mal? Una mirada simple alcanza para decir que sí. Sin embargo, quién conoce al personaje de Batman, no como se ha presentado en las series de televisión de los sesentas, sino como parte de la tira cómica-seria en la que el personaje ha desarrollado sus rasgos más oscuros.

Batman es fundamentalmente el representante del principio opuesto al de Superman. Si para Superman Metrópolis es sólo una ciudad excusa para estar situado, que en realidad no es otra ciudad que New York, Batman se sitúa en una ciudad inexistente del todo, remembranza de un pasado en el que reinaban las tinieblas medievales. Batman se sitúa en un mundo particular, sin poderes, sólo con su destreza, imaginación y capacidad económica. Es el poder que se desplaza no como ejército, caso fundamental del Superman símbolo de todas las guerras que emprende Estados Unidos, sino más bien como policía. Es la policía secreta que se despliega en la oscuridad, que nadie puede saber realmente donde está y cuya apariencia se despliega como animal. Nuevamente, como en Hobbes, el Estado de policía deviene en una mezcla entre animal y humano, capaz de clasificar los rostros, definir con certeza a sus enemigos y desplegarse en el silencio de la noche.

Por eso Batman es inseparable del Joker. Porque este último representa el desquiciamiento que acompaña, produce y permanece siempre en el orden policial. El Joker es un payaso frustrado, endeudado, hambriento, cuya locura proviene de no poder alcanzar lo que se supone es una vida normal en la ciudad. Su locura es asesina porque el círculo se cierra sólo entre quién persigue y quién es perseguido, quedando el último sin ninguna alternativa. El Joker es el terrorista contemporáneo, que obliga al Estado de policía a salir de sus fronteras, como se  muestra en el comic Una muerte en la familia, donde Oriente Medio es el lugar en que es asesinado Robin, el compañero de Batman.

Mientras la locura no tiene fronteras, el Estado debe ampliar su lógica policial hacia un mundo incapaz de hacerse cargo de los asesinatos. El terrorismo del Joker es respondido con el poder económico y la policía secreta mundial. Si la alternativa a este aparente círculo no se encuentra evidente en el comic, al menos sabemos que ambos cubren su rostro, siendo sus máscaras o maquillajes las únicas posibilidades de sobrevivir. Allí habría que escarbar más.


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Dibujo de Simon Bisley

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