miércoles, 1 de septiembre de 2010

La vida mapuche


La vida adquiere importancia cuando se le ataca como vida, en su sentido metafísico, pero no simplemente por ser vida. La capacidad de ejercicio de la violencia del Estado nos ha enseñado permanentemente aquello, pues para el poder contemporáneo la vida es algo a defender como un ideal, pero sólo se puede realizar aquello a través del asesinato. Por eso es que muchas veces sentimos que algunas vidas valen menos que otras, lo que es absolutamente cierto, pero más allá de ello, esas vidas asesinadas son también las que permiten sacralizar la vida como tal. El asesinato aparece como algo positivo cuando es el Estado el que decide quién debe morir, pero la muerte que propaga éste siempre es en defensa de la metafísica de la vida.

Entonces, desde el punto de vista del Estado, los presos políticos mapuche son vidas que deben ser rescatadas de su irracional y violenta huelga de hambre. Primero porque a través de ella ponen en evidencia su problema, que es precisamente la desnudez de la vida frente al Estado (ellos están presos y condenados con una Ley que desprecia sus vidas), pero al mismo tiempo, el discurso estatal se vuelve omnipotente al impedirles incluso la muerte a voluntad. Para evitar el desenmascaramiento, el Estado se vuelve protector de la vida en tanto vida, no en tanto vida mapuche.

En la Palestina ocupada ocurre algo similar, sólo que Israel ha descubierto hace ya mucho tiempo la posibilidad de las cárceles secretas, donde la huelga de hambre no hace ningún sentido más que para quien la lleva a cabo. La vida queda así absolutamente suspendida y la metafísica no se ve perturbada sólo por el secreto.

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