lunes, 27 de septiembre de 2010

Lengua y Dios

El decir mismo es el asunto primigenio. La decibilidad, la cosa en sí misma, que no es otra cosa que el lenguaje como tal, o más bien una parte fundamental del lenguaje, el habla. En ella reside la cosa misma, porque es siempre nexo entre el yo y el mundo. Decir es ser Dios, no jugar a ser Dios, sino serlo efectivamente, ya que Dios fue la explicación última al problema de la decibilidad cuando la búsqueda en el lenguaje sólo servía para entramparnos en su límite irracional. Ahora ya lo sabemos: habla y cosa última (cosa en sí) son una misma cosa. El problema es sólo aprender a vivir con un Dios frente al que cualquier renuncia significa la muerte.

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