jueves, 7 de octubre de 2010

Lo diminuto y la historia en un apunte de Elias Canetti


Un hermoso pasaje de los Apuntes de Elias Canetti, de 1942 dice así:

“Sería hermoso, a partir de cierta edad, volvernos cada vez más pequeños, año tras año, y recorrer hacia atrás los mismos peldaños que en otros tiempos fuimos escalando con orgullo. Los honores y las dignidades de la edad deberían, sin embargo, continuar siendo los mismos que en la actualidad, de modo que personas muy pequeñas, parecidas a chiquillos de seis u ocho años, fueran consideradas las más sabias y experimentadas. Los reyes más ancianos serían los más pequeños y solamente habría Papas diminutos; los obispos mirarían de arriba abajo a los cardenales, y éstos, a su vez, al Papa. Ningún niño podría ya desear algo grande. Al aumentar en edad, la historia perdería importancia; tendríamos la sensación de que ciertos acontecimientos ocurridos tres siglos antes tuvieron lugar entre criaturas semejantes a insectos, y el pasado tendría la suerte de ser, por fin, desatendido”.[1]

Canetti no anula el crecimiento, sino que lo detiene en determinado momento para hacerlo retroceder hasta su lugar más ínfimo y al mismo tiempo más importante. El tamaño de las cosas, en un mundo predominantemente ocular, ha sido construido desde antaño como una relación de poder. Invertir esa relación es trastocar el mundo por completo. El Papa seguirá siendo Papa, y mientras mayor sea su diminutez mayor respeto tendrá, sin embargo, deberá siempre mirar hacia arriba a quienes no han comenzado, o recién inician, el camino de la reducción física.

Lo que se invierte realmente en Canetti es el sentido de la historia. Desligar al hombre de lo grande como un llegar a ser por necesidad es profanar la teleología incrustada en una conciencia humana signada por su precaria afirmación del orden del mundo. Por ello, la historia pierde toda importancia, dado que ese pasado construido de grandes hechos, de grandes hazañas, no sería otra cosa que obra de insectos. Y es que esta es una mirada genealógica: La genealogía es gris decía Nietzsche.

Ello no implica dejar de mirar al pasado, sino mas bien tener en cuenta que ese pasado no ha sido el que ha condicionado nuestro presente, sino más bien la historia que se ha hecho de él. Por ello hay una desatención al pasado, pero también al futuro, que irremediablemente nos conduce a la pequeñez. Y es precisamente esa pequeñez la que nos hará mirar al pasado, a lo viejo, como un lugar de pocos relatos clarificadores; más bien como la condición máxima de pequeñez y, por eso mismo, más sabio, porque los honores y las condecoraciones no se perderían, por el contrario, serían los galardones de quienes mientras más sabios son, menos posibilidad tienen de pisotear al otro.



[1] Canetti, Elias, Apuntes I, Traducción de Juan José del Solar, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, p. 28. 

Artista: Nabeela Al Khayer. Fuente: NY Arts Magazine

No hay comentarios: