martes, 5 de octubre de 2010

Negocios son negocios

Como alguna vez expresó Hermann Broch, en la época actual todo se justifica a partir de un fin que, a su vez, siempre es una tautología absurda que justifica su existencia sin otra demostración más que la repetición al inicio y al final de una meta. “Los negocios son los negocios” dirá el comerciante para justificar que en los negocios existe una lógica propia ineludiblemente vinculada al interés individual; “la política es la política” dirá el político que busca aclarar que los juegos de intereses, en los que siempre hay alguien que pierde, son inherentes a la política misma. 

Ésta es una de las herramientas fundamentales de la metafísica occidental, que asume en cada uno de los lugares que es capaz de explicar, una esencia pura, contra la que nada tiene que hacer el 'hombre de a pie'. Pero también hay aquí un nihilismo exacerbado, que entrega a la técnica la respuesta a la cosa de que se trata. La política se convierte así en un proceso técnico, y las frases que hemos mencionado develan que tal proceso en realidad es el ocultamiento de una tautología impuesta como esencia desde el inicio. No hay proceso, sino un fin que justifica los medios al punto de que esos medios son en sí mismos el fin.

M. C. Escher: Manos dibujando, 1948.

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