martes, 9 de noviembre de 2010

La asfixia de Bush

Consultado sobre las prácticas de tortura, ilegales según la Convención de Ginebra, específicamente sobre la utilización de la asfixia simulada, el ex Presidente de Estados Unidos, George Bush, respondió que:

“Capturamos a ese tipo, el principal agente operativo de Al Qaeda, que había matado a 3.000 personas (…) Considerábamos que tenía información sobre otro ataque. Pero él nos dice que sólo hablará con nosotros en presencia de su abogado. Y yo pregunto: ¿qué opciones teníamos que fuesen legales?”.[1]

La respuesta de Bush es muy curiosa, dado que mientras él admite que quién ha sido acusado de terrorista sólo hablará ante un abogado, es decir, utilizando los procesos legales que Estados Unidos buscaba, discursivamente claro, instalar en Irak, lo cierto es que Estados Unidos no tiene fórmulas legales para enfrentar aquella respuesta. ¿Qué otra opción teníamos? Está diciendo Bush, ¿si no la de suspender el derecho para precisamente resguardarlo? El otro, el dominado ya ha aprendido nuestro lenguaje y frente a la reivindicación de lo jurídico por parte de quienes se encuentran marginados de todo derecho, no cabe más que la anulación de nuestro propio derecho para poder levantarlo victoriosamente un día de estos.

Más allá de las evidentes limitaciones intelectuales de Bush, la articulación de su discurso devela no sólo la contradicción y la mentira de la guerra de Irak, sino el contenido del paradigma de mundo en que nos encontramos viviendo: la excepción como regla.


[1] Agencia EFE, publicada en El Mercurio Online, 9 de noviembre de 2010. URL disponible en: http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=446155. Consultado el 9 de noviembre de 2010.

Joe Wezorek, The junior genocide, 2006. Fuente: http://www.flickr.com/photos/jaumedurgell/358704871/

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