jueves, 14 de julio de 2011

El caos del origen, la creación, la democracia

Max Ernst, The Angel of Hearth and Home, 1937.

El Estado moderno sigue portando en sí la idea del pecado original cristiana. El origen aparece, desde Hobbes, representado por el caos y el miedo de la guerra de todos contra todos. La búsqueda liberal de “dejar hacer” al mercado debería atentar contra esta lógica, de forma que el Estado quede reducido a un mero vicario de la economía, y lo hace, en efecto, pero sin embargo, opera desde la base de la comunidad como una propiedad y no a partir de lo común que puede darle sentido. De esta forma, sacraliza la propiedad como elemento constitutivo, cuando en realidad ella no es más que una forma histórica permanentemente reproductora de desigualdad. El Estado capitalista protege la desigualdad para evitar el caos, un retorno al pecado original del hombre: su capacidad de crear. Pero démosle otro nombre al caos. Llamémoslo democracia.

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