lunes, 26 de septiembre de 2011

Pluralitas non est ponenda sine necesitate


Scoto acuñaba, en el contexto de la teología medieval, la idea de la valoración absoluta de aquello que concierne a lo simple y el desprecio al despilfarro con la frase Pluralitas non est ponenda sine necesitate (La pluralidad no debe ser planteada sin necesidad), o bien Frustra fit per plura, quod potest fieri per pauciora (Lo que puede ser realizado con poco sería vano hacerlo con más). Siglos después de él, Newton, figura central del proceso de laicización del mundo, plantearía en su Principia Mathematica “No debemos admitir más causas de las cosas naturales que aquellas que son verdaderas y suficientes para explicar las apariencias. Para este propósito, los filósofos dicen que la naturaleza no hace nada en vano, y lo de más será en vano cuando lo menos servirá; la naturaleza se complace con la sencillez, y no le afectan las pompas de las causas superfluas”.

La afinidad entre ambas visiones es sin duda teológica, pero también ponen de manifiesto un hilo secreto entre esa teología medieval y la ciencia moderna. Bastaría trasladar las afirmaciones de ambos a la economía contemporánea para darnos cuenta de la vigencia del pensamiento religioso. Por eso fracasa Weber en su valoración de la laicidad, cuando un pensamiento verdaderamente no-religioso exige ser mas bien pro-fano.

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