lunes, 3 de octubre de 2011

Imagen

Decimos constantemente que la política contemporánea ha logrado aislar al hombre de la experiencia con el mundo. Aquello tiene sentido sólo si comprendemos a cabalidad que la política contemporánea no es otra cosa que la expansión del humanismo occidental y su rigidización cada vez mayor respecto a qué es un humano, o como diría Judith Butler, qué vida es digna de ser llorada. Pero ¿cómo se captura una experiencia o toda experiencia? Quizás la respuesta más potente que se haya dado en el siglo XX a esta pregunta está formulada por Guy Debord y su Sociedad del espectáculo. Lo propiamente expropiado por el humanismo es la imagen. Sólo por medio de su transformación, manipulación, articulación y despliegue espectacular, la imagen queda suspendida en lo dado e intocable. Al imposibilitar el uso de la imagen el humanismo se cierra sobre sí mismo, sobre una sóla imagen de sí, bloqueando el camino a aquello que Aristóteles llamó phantasía y que los latinos tradujeron por imaginatio. La phantasía, en efecto, es aquello que, como bien decía Averroes, ilumina al pensamiento, haciendo de éste una potencia que no se acaba con su acto. Fue Castoriadis quién resucitó el concepto de un modo aceptable para nuestros tiempos, pues de forma imaginativa, propuso a la imaginación como motor de toda creación. Recuperar la imagen, arrancándola del espectáculo para usarla verdaderamente, es la tarea política que han emprendido ya las nuevas generaciones.

Alejandro Robles. Hindu peregrination.

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