viernes, 25 de noviembre de 2011

El comentador

Quizás uno de los mayores contrapuntos a la articulación del pensamiento contemporáneo sea la figura del comentador. Mientras el empresario del conocimiento moderno se transforma en puro autor, al punto en que el contenido de lo que dice pierde todo sentido -el análisis de contingencia de nuestros cientistas políticos es el ejemplo más patente- y se reivindica sólo el aparecer de la autoría; el comentador, por su parte, representa precisamente el valor de uso del lenguaje, su aproximación más atenta (diligente) al texto. Por eso, como dice Emanuele Coccia, a los pensadores modernos el comentario les parece árido e inútil para la comprensión del texto original. Nuestra época es la época del autor y acaso aquello sea indisociable de un tiempo vacío y homogéneo en el que la palabra deviene meramente en valor de cambio. El comentador, por su parte, disloca el tiempo, abre en él una abertura y une en su propia escritura todo el tiempo entre textos. Una época que ha perdido a los comentadores se vuelve exhuberante en palabras vacías o bien fundamentalista del texto, es decir, presenta como única la falsa oposición entre lo sagrado y el mercado, sin reconocer en ellos la plena articulación. Recuperar el comentario es, entonces, una tarea política de primer orden.


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