lunes, 5 de diciembre de 2011

Orden, serie, repetición


Si hay una imagen que hoy gobierna es la del orden. Toda denuncia del capitalismo parte de la corroboración de que en éste se produce algo en serie. Se trabaja en cubículos ordenados, se disponen nuestras ciudades como series que permiten la circulación eficientemente, y se despliega nuestra rutina diaria como una serie de acontecimientos de los cuáles rara vez podemos decir que experienciamos. La serie sólo se nutre de la repetición constante de lo que aparenta ser lo mismo, pero realmente es sólo parecido. Quizás, cuando podamos ver el parecido y no la mismidad de la repetición podamos simplemente no repetir y, por tanto, no ser parte del orden. Una afirmación de la vida, más allá de la desnudez con que el poder la vigila, debe comenzar por la mirada infantil, que haciendo tabula rasa observa el mundo con nuevos ojos. ¿Es posible aquello para nosotros que ya vivimos en medio de la serie? Describir al humano ontológicamente como un infante, es decir, como aquel que no posee de antemano el conocimiento, sino que debe buscarlo infinitamente, abre frente a los ojos de todos esa potencia común.


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