miércoles, 15 de mayo de 2013

Apartheid y limpieza étnica: dos lógicas del sionismo

“Para Europa formaríamos allí un Valais contra el Asia; estaríamos al servicio de los pueblos de avanzada de la cultura contra la barbarie”, Herzl, T., El Estado judío.

La palabra Apartheid se ha convertido en una herramienta importante para clarificar la realidad que viven millones de palestinos bajo ocupación militar israelí. Sin embargo, la fundación del Estado de Israel en 1948 nos muestra una cosa diferente al Apartheid y a otras formas de colonialismo: la limpieza étnica. Por cierto, Apartheid es una categoría que podemos utilizar para dar cuenta de una de las formas de dominación y control implementadas por Israel, sobre todo si nos referimos al período que va de 1967 a 1987-93, donde este Estado administró mediante la represión y el cálculo la vida de aquellos palestinos que habían quedado “incorporados” dentro de los nuevos límites israelíes. Apartheid indica en este sentido una lógica de “apartar” y de “mantener aparte”, que significaba para los sudafricanos blancos no el exterminio de la población negra, sino su completa dominación en beneficio de una minoría. Asimismo, durante lo que podríamos llamar período de predominio del Apartheid en Palestina, los israelíes llegaron incluso a sostener una relación de dependencia con el movimiento económico generado por el ingreso de más de dos millones de personas a sus fronteras, sin entregarles, de cualquier forma, ningún tipo de beneficios ciudadanos.

Pero la Nakba palestina, cuyo sustento ideológico fue la limpieza étnica y no el Apartheid, no desapareció jamás de la perspectiva israelí, al punto que el surgimiento de la Intifada en 1987 y la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993 rearticuló fácilmente el anhelo más profundo del sionismo: la judaización completa de la Palestina histórica, por medio de la implementación de enormes redes de colonias en territorios asignados en el papel a la Autoridad Nacional Palestina, expulsando de sus hogares a miles de palestinos, bloqueando comercial y humanitariamente a Gaza y perpetrando terribles masacres en los campamentos de refugiados cada cierto tiempo. La lógica de la limpieza étnica, inseparable del concepto de “judaización de Palestina”, en tanto aspiración fundante del sionismo, es la herencia más terrible del contexto europeo antisemita que fue condición de posibilidad para la emergencia de este movimiento a fines del siglo XIX.

¿Es un error hablar entonces de Apartheid? No, porque la consideración de los palestinos como población intervenible, modificable y reubicable es herencia, a su vez, del enorme aprendizaje que significó para el sionismo la dominación blanca en Sudáfrica. El muro de separación en Cisjordania, la planificación territorial que corta toda conexión entre las ciudades y aldeas palestinas, la presencia de checkpoints, puestos de control y políticas de desplazamiento que hacen de la vida cotidiana una miseria, son dispositivos utilizados por el Apartheid (aunque no exclusividad de éste, pues basta recordar la guettización de la vida judía en Europa).

Ahora bien, sobre la vida de los palestinos se ciernen dos lógicas de dominación: el Apartheid y la limpieza étnica, que en última instancia aspira a la eliminación física de todos los palestinos. Desde la firma de los Acuerdos de Oslo ambas se han nutrido mutuamente conformando dos almas dentro del sionismo. Aquellos que velan por el Apartheid serían los más benévolos frente a quienes plantean derechamente la expulsión de todos los árabes israelíes y los palestinos de Cisjordania. A 65 años de la creación de Israel, la colonización extrema, que vuelve completamente inviable la creación de un Estado Palestino, muestra que entre ambas lógicas la de la limpieza étnica se ha ido imponiendo. Pero en realidad, todo el horror y muerte que ha provocado el Estado de Israel a los palestinos en los últimos años no hacen referencia sino a los principios fundacionales del proyecto ideológico que lo sustenta.


The Road to Nowhere by Ismail Shammout

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