martes, 9 de julio de 2013

La excepción y el deber

Debemos acercarnos a una conclusión fundamental sobre nuestro presente. Que Benjamin haya expuesto acertadamente que nuestra en nuestra Época el estado de excepción ha devenido permanente, quiere decir que en el propio campo de fuerzas de una ontología de la potencia que difiere radicalmente de una ontología del imperativo, el ser ha terminado cediendo a un deber-hacer. Si el estado de excepción permanente implica el despliegue de la policía, del mercado y de la gestión, es porque todavía la propia excepción remite a una ontología del poder que en nuestro tiempo ha quedado debilitada, lo suficiente como para articularse ahora como resistencia. El despliegue generalizado de la Ley en su grado cero, como una pura forma, no es más que el retroceso de la potencia que antaño constituía al soberano. La policía y el mercado no son el poder, sino la forma que adquiere el deber cuando su proyecto ontológico se ha vuelto imperante.


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