lunes, 4 de noviembre de 2013

Lo singular

Lo singular asume el mundo como eterno. En él se repite una y otra vez, nunca igual, jamás como lo pretende el concepto. Lo singular es tiempo y espacio. Pero el tiempo es el del retorno de lo Mismo​, que no es ni cíclico ni teleológico, sino absolutamente enmarañado. El recuerdo del singular se viste al desverstirse sin principio ni final. Por eso mismo, puede efectivamente imaginar. Que el mundo sea eterno es lo que hace al singular repetir lo inigualable. En su pretención constante de igualar -en sentido matemático- encuentra en Dios un perfecto punto de semejanza, con el que excusa toda dominación y crimen.

El espacio del singular es el éxtasis. No hay un sujeto en él, sino la pura exterioridad que retorna como subjetividad. Flujo que es el de la naturaleza, en el que un cuerpo puede ilusionarse con su exclusividad o soñar con una Ley general. 

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